Parte 1
El cielo estaba gris, no porque las nubes fueran grises, si no porque su mirada era gris, y en un barco no hay más que el cielo y el mar.
El marinero miró sus manos viejas y cansadas, y tocaba el agua mientras avanzaba de regreso a su casa, cerca de la playa y cerca del bosque, donde no había diferencias entre ellos, soplaba un viento gris como su mirada, entonces tomó su chaqueta y se aseguró de llevar bien puesto su sombrero.
Al llegar el barco a la orilla caminó hacia su casa adentrándose en bosque, sin temor alguno, conocía ese bosque como su palma, y eso que su palma marcaba distintos caminos, unos que ya existían y otros que el tiempo ha hecho, cicatrices viejas del tiempo.
Al llegar a su casa notó que todo había una planta en su comedor, extrañado se sentó a verla, tenía un color peculiar, diferente al gris del bosque y del cielo, diferente al de la brisa, y diferente al mar, tenía un color que nunca había visto. La vio por un largo tiempo sin atreverse a tocarla, le producía miedo el origen de tan curiosa planta.
se despreocupó de la planta y fue a su cama, y dejó que la luna se hiciera cargo del temor que por primera vez sentía en su gris vida.
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