De la realidad
La lluvia comienza a caer golpeando la ventana y si uno toca el vidrio, este se encuentra frío, el cuerpo recoge la mano bruscamente como si tal frío hubiera sido fuego, pero si se mantiene esta durante mucho tiempo el vidrio se comienza a calentar y la piel deja de contraerse para acostumbrarse al frío o al calor creado de la nada, entonces uno apoya la cabeza dejándose mecer por el viento.
Justo cuando todo se detiene es cuando el viaje comienza a ser más tierno y calmante, cuando el viento deja de cantar al oído y los ojos se cierran solos esperando volar a otras partes, pero es la parte muerta del tiempo, donde los ojos no se cierran por magia, donde del cuerpo no sale luz, donde no existen bosques y la neblina cubre todo, donde la lluvia moja disparejo, y uno termina con los pies mojados y el alma fría.
Entonces los pasos pesan al bajarse del camino, pero los pasos son firmes y el camino existe y aunque no se vea uno sabe que está ahí, y aunque el alma esté fría y la soledad camine al lado, hay seguridad de no caer en un abismo, de no caer donde la luz no llega.
De los sueños
Todo está tibio pero con brisa, y hay una mano al lado con la cual hacer bailar los dedos, hay con quien bailotear las manos por el cuerpo, el dedo índice camina por el pecho dejando un trazo de luz y de vida, pequeñas hojas brotan como si fueran vellos, dejando todo cubierto de flores, si la presión se hace más fuerte se llega adentro, aquella ciudad olvidada por el tiempo, bañada de lluvias y llena de primaveras. La ciudad con nombres escritos en las paredes y en las calles, donde las grietas de la calle no existen y se puede saltar de un lado al otro entre adoquines que suben y caen, donde las palabras queman cuando no se dicen, la ciudad en la que la tristeza se desparrama por los ríos, donde las gotas caen de adentro para afuera, y la risa sale del pecho, donde los escalofríos cubren el cuerpo y los besos cubren el alma. Pero los pasos no son más ligeros al bajarse del camino, son pasos lentos, los adoquines no siempre suben, a veces pueden bajar y llevar al fondo de la tristeza, donde el sol no llega y la brisa no cubre el rostro.
De cuando la realidad se junta con los sueños
Los párpados se vuelven transparentes, y la alegría va y viene, a veces constante, porque en la lluvia y el alma fría hay una piel caliente llena de flores, porque es el espacio del tiempo sin nombre, donde las miradas entran en el pecho y la calientan aunque la neblina cubra los ojos. Pero el problema de los sueños juntos con la realidad, es que uno nunca encuentra el límite entre el sueño y la realidad y los pasos se vuelven inseguros, porque no son ligeros ni pesados porque son solo pasos, porque el camino no existe, porque está la soledad al lado de las manos de alegría, y a veces cuando el sueño se vuelve más realidad que sueño, el sueño se vuelve una pesadilla, de la cual no hay salida, porque no se encuentra la ilusión que alguna vez existió, porque el sueño se lava lentamente de la realidad, pero aún existe dejando pistas para llegar al sueño de nuevo, y si uno sigue los pasos se adentra más en la tristeza. Porque uno en la realidad mezclada con el sueño se da cuenta que las manos son un sueño una ilusión.
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