sábado, 18 de junio de 2011

981

Era oscuro ahí, más oscuro de lo que imaginó, se oían las gotas cayendo, era muy húmedo ahí adentro, estaba agachada esperando que le dieran su señal. Una pequeña luz roja, anunció su partida, se fue caminando lentamente por entre las alcantarillas, esperaba reunirse con otras dos personas, hubo un estruendo, y el todo tembló, una segunda luz roja que parpadeó dos veces, le decía que algo importante estaba sucediendo, apresuró el paso y llegó a una salida, la alcantarilla llevaba a una aún más grande, donde ya podía caminar de pie, caminó rápido, y se encontró con otra joven mujer, esta le dijo que había caído la primer bomba en el centro.
Ella se acomodó las botas y continuó caminando, le preguntó que si todos estaban bien, y que si sabía cuando llegarían las tropas, la joven no contestó solo siguió caminando, un segundo estruendo hizo que todo temblara una vez más, las luces en sus bolsillos no paraban de parpadear, entonces empezaron a correr, llegaron a unas escaleras, parecía el final de la alcantarilla, pero ellas sabían bien que debían subir.
Llegaron a una calle sola, y caminaron lentamente hacia un edificio, eran unos apartamentos, subieron por las escaleras de la entrada hasta encontrarse con una habitación abierta, ahí les esperaban un grupo de jóvenes, todos parecían preocupados y cansados, parecía que no habían dormido en mucho tiempo, era un lugar de paredes blancas, con piso de madera, unas ventanas que estaban cerradas con cortinas sucias y viejas, Ella entró y cerró la puerta, los miró a todos y preguntó que dónde había caído la segunda bomba.
Un hombre, alto de cabello café y ojos muy oscuros, se puso en pie de su silla y dijo que en la universidad, otro joven se puso en pie y caminó a la ventana, movió las cortinas un poco, como esperando que nadie lo viera, pero no pudo evitar señalar la universidad, no pudo evitar señalar el centro, Ella caminó a la ventana y vio el caos que le esperaba a esa pequeña ciudad.
El hombre alto, tomó varias armas y las puso en su mochila, se sentó de nuevo en la pequeña silla, hubo silencio por varios minutos, ninguno sabía que hacer ni que pensar, no había palabras para el momento, sabían que pasaría y se habían preparado para ello, pero realmente no lo estaban, Ella miró el cielo por la ventana, y vio como caía la tercera bomba, caía en la parte más habitada, la parte residencial del norte, esta fue la más grande, el temblor que produjo fue más grande de lo que esperaban.
Todos se miraron y procuraron tratar de sobrevivir, se miraron y procuraron tratar de salvar a algunos.
Después del primer día, ya habían avanzado 50km, iban, eran dieciocho jóvenes, habían ocho camiones, en cada camión habían dos muchachos, en la ciudad se habían quedado dos jóvenes más para llevar a la gente a las afueras de la ciudad, muchos de ellos eran doctores muchos de ellos simplemente no querían ver la guerra.
Ella manejaba el segundo camión que se había quedado en la ciudad, este camión los llevaría a las afueras donde se encontrarían con la caravana, que los llevaría a la frontera, éste se mantenía escondido cerca de la parte sur de la ciudad, dormía allí adentro y tenía varias armas, cuando pasaban los aviones se escondía, ese camión no se movía de ahí.
Al segundo día, llegaron las tropas, se oían sus pesadas botas pisando el centro de la calle, ellos se mantenían escondidos en la parte sur, a veces abandonaban el camión para refugiarse y esconderse, volvían durante la noche, a veces salían a anunciar a la gente de el medio de transporte, Ella solía llegar a todas partes por las alcantarillas, llegaba al hospital a ayudar como voluntaria, hablaba con los doctores y les decía se lo que podían hacer por la gente, y les rogaba que corriera la voz, que ayudara a la gente a salir de ese lugar.
Para el cuarto día, el centro estaba destrozado, la gente no salía de sus casas, y se mantenían ahí, y era de noche en ese cuarto día cuando la gente llegaría hasta ellos, ella esperó afuera del camión con sus armas, esperó afuera en busca de familias, para las siete de la noche habían llegado veinte personas, para las nueve ya el primer camión estaba lleno, tenían la esperanza de que llegaría más gente y de que podían llenarlo, a las once y treinta debían partir, para poder regresar al día siguiente y seguir llevando gente. A las 10 dejaron de llegar personas, las tropas habían atacado de noche, Ella vio un avió cruzar el cielo y dejar caer una bomba cerca de la parte oeste, de donde venía la mayoría de las personas que iban a irse. La gente dentro de los camiones se aferraban a sus familias y temían haberlo perdido todo, pero muchos de ellos ya habían perdido todo. Algunos no querían irse y dejar a sus familiares en el hospital. muchos, no querían irse.
Minutos después empezó a llegar gente realmente herida a los camiones. Para las once y treinta el camión de ella se encontraba lleno de la gente herida, y el primer camión con las familias.
A las seis de la mañana llegaron a las afueras de la ciudad, las caravanas se llevaron a esas familias.
Pasaron varios años, y varios de esos jóvenes habían muerto, varios de los camiones habían sido encontrados por las tropas, habían arrestado y asesinado a muchos de ellos.
Ella, ella aún vivía pero ya no había nadie a quien llevar a las afueras, no había nadie a quien salvar. Habían pasado seis años desde aquel principio de guerra, ahora todo era escombros, cada cierto tiempo caían bombas, por lo menos cada tres días, desde la ventana del pequeño apartamento donde empezó todo, se veían soldados recorrer las calles, eran solitarios, parecían perdidos, el trabajo de ellos era encontrar personas que aún estuvieran vivas y atraparles.
Cierto día decidió recorrer las calles de la zona oeste, estaba buscando aún vivas, o por lo menos pertenencias o fotografías para guardar, en las calles se veían muchas fotografías pegadas, fotografías con mensajes pidiendo que por favor se les devolviera a su hijo, a su esposo, a su hermano... Pero eran viejas ya. Caminando por la zona oeste, vio que una casa estaba abierta, y entro cuidadosamente, vio a un soldado algo viejo y cansado mirando el suelo, se encontraba sentado en una silla de madera algo arruinada, se acercó lentamente, sin que el soldado pudiera notarla, apuntó su arma contra su cabeza, y haló el gatillo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario