Había cercenado varias familias ya, cuando lo único que le quedaba por hacer, era buscar los restos y los pedazos de lo que alguna vez había hecho, secó el sudor de su frente con un pañuelo sucio que andaba en su bolsillo, miró a los lados, miró las paredes grises y corroídas por el tiempo, por la guerra y tal vez solo tal vez, por las balas que lanzó al vacío. Un estruendo.
Una luz blanca se mostró ante Él por la ventana, alumbró la cocina que se veía desde el otro lado del salón, algo intrigado, caminó hacia ella lentamente, miró como sus pasos iban quitando el polvo del piso cansado y sucio, se dio la vuelta y miró como la silla en la que se había sentado, tenía de nuevo los colores que alguna vez tuvo, vio las manchas de comida que tal vez una niña dejó, siguió caminando, y las paredes volvían a tener color, las balas caían del cemento y rebotaban contra el piso de madera nuevo y renovado, cada bala parecía no desvanecerse después de caer. Al llegar a la cocina, vio que habían unos dos platos sucios, tenía paredes amarillas, y girasoles cerca de una cocina de gas verde, eran girasoles pintados en la pared, hermosos. La refrigeradora también era verde, era un verde oliva, y todo el resto era de madera, la ventana de la cual provenía la luz estaba abierta, decidió acercarse y ver. Un enorme jardín se mostró ante él por esa ventana, parecía como si nunca hubiera pasado el tiempo.
De repente era Él soldado, perdido en una casa, en una casa en la que jamás había llegado la muerte. Pero no estaba extrañado, no era ajeno para él estar ahí, comenzó a caminar, llegó a una gran sala, sillones grandes y varios libros por ahí, había una puerta que daba al jardín y decidió salir, y era el pasto más verde que jamás había visto, y vio varias frutas que habían caído de sus árboles, vio juguetes.
Miró a su alrededor, y se sentó, parecía que alguna vez hubo vida ahí, parecía que aún la había. Y es que esa casa no era ajena a él, porque ya había estado ahí, ya había estado ahí y recordaba haber cruzado esa puerta, recordaba haber llegado por la misma razón ahí, hace por lo menos unos seis años, cuando sus botas eran nuevas, y cuando el tiempo no había matado una ciudad entera, no había matado a un mundo entero.
Había llegado hace seis años ahí, para buscar personas, tal y como lo hace ahora, tal y como tal vez lo quiso hacer, pero algo en el tiempo o algo en sus ojos había cambiado, estaba ahí de nuevo.
O tal vez no estaba. En el cielo se vieron los primeros tres aviones, y cayeron las primeras tres bombas, el suelo tembló y él se levantó asustado.
Recordó que la primera bomba cayó en el centro de la ciudad, la segunda cayó en la universidad, y la tercera cayó en la zona más poblada.
No quería estar ahí de nuevo, quería morir, o tal vez desaparecer, no entendía que pasaba, aún no entendía el porque de la guerra. Oyó los gritos, y vio como el cielo se llenaba de humo, corrió a la entrada de la casa, estaba ahí frente a la puerta, pero no quería abrirla, no se atrevía a ver de nuevo la muerte, no quería ver los rostros de quienes eran inocentes, de ellos a quienes él les quitó la vida.
Su mano temblorosa, abrió la puerta, con los ojos cerrados dio dos pasos hacia el porche de la casa, era una casa hermosa, era blanca y con un lindo jardín que la rodeaba. Al abrir los ojos, vio todo como el primer día, ese 16 de Agosto, caminó tres pasos, miró al cielo y vio la cuarta bomba caer, al oír el estruendo cercano a él, vio a la gente evacuar, pero él no se movió, al darse cuenta que la gente no lo veía, que la gente no lo notaba.
Después de un día de bombas cada cierto tiempo, él se refugió en esa casa, no llegaba nadie aún. Al segundo día llegaron las tropas a la ciudad, oyó los pasos de las pesadas botas caminando por el centro de la calle, casi no había nadie en las calles, casi no había nadie en las casas, quienes se quedaban, lo hacían porque se negaban a salir de ahí, porque era el único lugar que jamás habían visto. Gran parte se hallaba en hospitales, que ya estaban colapsados, no había comunicación y no había agua ya que una de las bombas alcanzó los filtros que llenaban a la ciudad de agua, durante la noche cuando los soldados no estaban, llegaba una cisterna a abastecer de agua a quienes aún se mantenían ahí.
El cielo ya no era el mismo, habían aviones todo el tiempo cruzando el cielo que ahora era gris, Él, él no entendía nada, no quería estar ahí quería morir, se mantenía las noches en la cocina esperando que llegaran los dueños de la casa. Y así pasó, al cuarto día de estar ahí, llegaron, se veían inocentes amables, era una mujer alta y delgada, era muy hermosa de cabello café y ojos muy oscuros, un hombre alto también de cabello negro y nariz grande, tenía una gran barba, con ellos había una niña muy parecida a su padre, era muy hermosa y pequeña parecía tener unos 9 años, una niña de unos cuantos años más también estaba con ellos.
Llegaron durante la noche, cuando no había nadie, la madre corrió hacia las habitaciones, en busca de una maleta para guardar la ropa de las niñas y cosas que posiblemente pudieran ocupar, el padre abrazó a las niñas y les dijo que buscaran en la alacena comida, él caminó hacia un mueble grande y sacó dos pistolas, eran dos colt bellísimas.
Él soldado miró asombrado, parecía que no lo veían. El padre caminó a la cocina y sacó de una pequeña gaveta municiones para su arma, las guardó todas en su saco, la madre volvió a la sala con las maletas y fue por las niñas y la comida, miró a su esposo y lo besó.
Él le dijo que debían salir inmediatamente de ahí, y llegar a el otro lado de la ciudad, donde estaban ayudando a la gente de ese lugar, y habían varias caravanas de camiones que podían llevarlos a la frontera.
Sonaron aviones en el cielo, la mujer tomó a sus hijas y las abrazó fuerte, el esposo sacó su arma y apuntó hacia la puerta, sonó como cayeron 2 bombas, las tropas tomaron la ciudad durante la noche, se oían los gritos, se oían los disparos, el tiempo, el tiempo tomado por unos, las balas rebotando, y la sangre corriendo.
El soldado quiso protegerlos, pero no podía hacer nada, porque no pertenecía ahí, aunque había estado ahí. Tres soldados entre ellos, Él soldado, irrumpieron la casa, el padre siguió apuntando hacia la puerta pese que habían tres hombres armados.
Él soldado se encontraba en el centro de los tres, miró al hombre, alzó su arma y le disparó en la cabeza, las dos niñas miraron a su padre caer hacia el piso, y las lágrimas empezaron a caer, la mujer gritó y lloró, lo maldijo, lo maldijo eternamente. Él soldado, le disparó en medio de los ojos a las dos niñas, le siguió la madre, y ahí en el suelo se hallaban muertos, juntos.
Él soldado, atrás de ellos, se miró, se miró matando y se odió.
Miró a su alrededor, y se sentó, parecía que alguna vez hubo vida ahí, parecía que aún la había. Y es que esa casa no era ajena a él, porque ya había estado ahí, ya había estado ahí y recordaba haber cruzado esa puerta, recordaba haber llegado por la misma razón ahí, hace por lo menos unos seis años, cuando sus botas eran nuevas, y cuando el tiempo no había matado una ciudad entera, no había matado a un mundo entero.
Había llegado hace seis años ahí, para buscar personas, tal y como lo hace ahora, tal y como tal vez lo quiso hacer, pero algo en el tiempo o algo en sus ojos había cambiado, estaba ahí de nuevo.
O tal vez no estaba. En el cielo se vieron los primeros tres aviones, y cayeron las primeras tres bombas, el suelo tembló y él se levantó asustado.
Recordó que la primera bomba cayó en el centro de la ciudad, la segunda cayó en la universidad, y la tercera cayó en la zona más poblada.
No quería estar ahí de nuevo, quería morir, o tal vez desaparecer, no entendía que pasaba, aún no entendía el porque de la guerra. Oyó los gritos, y vio como el cielo se llenaba de humo, corrió a la entrada de la casa, estaba ahí frente a la puerta, pero no quería abrirla, no se atrevía a ver de nuevo la muerte, no quería ver los rostros de quienes eran inocentes, de ellos a quienes él les quitó la vida.
Su mano temblorosa, abrió la puerta, con los ojos cerrados dio dos pasos hacia el porche de la casa, era una casa hermosa, era blanca y con un lindo jardín que la rodeaba. Al abrir los ojos, vio todo como el primer día, ese 16 de Agosto, caminó tres pasos, miró al cielo y vio la cuarta bomba caer, al oír el estruendo cercano a él, vio a la gente evacuar, pero él no se movió, al darse cuenta que la gente no lo veía, que la gente no lo notaba.
Después de un día de bombas cada cierto tiempo, él se refugió en esa casa, no llegaba nadie aún. Al segundo día llegaron las tropas a la ciudad, oyó los pasos de las pesadas botas caminando por el centro de la calle, casi no había nadie en las calles, casi no había nadie en las casas, quienes se quedaban, lo hacían porque se negaban a salir de ahí, porque era el único lugar que jamás habían visto. Gran parte se hallaba en hospitales, que ya estaban colapsados, no había comunicación y no había agua ya que una de las bombas alcanzó los filtros que llenaban a la ciudad de agua, durante la noche cuando los soldados no estaban, llegaba una cisterna a abastecer de agua a quienes aún se mantenían ahí.
El cielo ya no era el mismo, habían aviones todo el tiempo cruzando el cielo que ahora era gris, Él, él no entendía nada, no quería estar ahí quería morir, se mantenía las noches en la cocina esperando que llegaran los dueños de la casa. Y así pasó, al cuarto día de estar ahí, llegaron, se veían inocentes amables, era una mujer alta y delgada, era muy hermosa de cabello café y ojos muy oscuros, un hombre alto también de cabello negro y nariz grande, tenía una gran barba, con ellos había una niña muy parecida a su padre, era muy hermosa y pequeña parecía tener unos 9 años, una niña de unos cuantos años más también estaba con ellos.
Llegaron durante la noche, cuando no había nadie, la madre corrió hacia las habitaciones, en busca de una maleta para guardar la ropa de las niñas y cosas que posiblemente pudieran ocupar, el padre abrazó a las niñas y les dijo que buscaran en la alacena comida, él caminó hacia un mueble grande y sacó dos pistolas, eran dos colt bellísimas.
Él soldado miró asombrado, parecía que no lo veían. El padre caminó a la cocina y sacó de una pequeña gaveta municiones para su arma, las guardó todas en su saco, la madre volvió a la sala con las maletas y fue por las niñas y la comida, miró a su esposo y lo besó.
Él le dijo que debían salir inmediatamente de ahí, y llegar a el otro lado de la ciudad, donde estaban ayudando a la gente de ese lugar, y habían varias caravanas de camiones que podían llevarlos a la frontera.
Sonaron aviones en el cielo, la mujer tomó a sus hijas y las abrazó fuerte, el esposo sacó su arma y apuntó hacia la puerta, sonó como cayeron 2 bombas, las tropas tomaron la ciudad durante la noche, se oían los gritos, se oían los disparos, el tiempo, el tiempo tomado por unos, las balas rebotando, y la sangre corriendo.
El soldado quiso protegerlos, pero no podía hacer nada, porque no pertenecía ahí, aunque había estado ahí. Tres soldados entre ellos, Él soldado, irrumpieron la casa, el padre siguió apuntando hacia la puerta pese que habían tres hombres armados.
Él soldado se encontraba en el centro de los tres, miró al hombre, alzó su arma y le disparó en la cabeza, las dos niñas miraron a su padre caer hacia el piso, y las lágrimas empezaron a caer, la mujer gritó y lloró, lo maldijo, lo maldijo eternamente. Él soldado, le disparó en medio de los ojos a las dos niñas, le siguió la madre, y ahí en el suelo se hallaban muertos, juntos.
Él soldado, atrás de ellos, se miró, se miró matando y se odió.
Y Él, él soldado no tenía descanso, él soldado estaba maldito, y maldito porque no podía hallar la muerte en ninguna esquina, porque no hallaba la muerte propia. Tal vez él soldado estaba muerto, tal vez tenía que morir en esos 6 años eternamente.
Tal vez, murió en esa casa, tal vez murió en esa casa donde dio muerte por primera vez.
Tal vez, murió en esa casa, tal vez murió en esa casa donde dio muerte por primera vez.
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