-Lo sé, vení, cerrá la ventana para que no se meta el agua.
Y con la ventana se fue toda luz, y ellos quedaron en la perfecta oscuridad, y quedó el ruido de la lluvia y las gotas chocando contra el vidrio.
Ella volvió a la cama chocando contra el desorden de los días, y los papeles y recuerdos, apoyando su mano con las pilas de libros, tanteando oscuridad buscando el regreso. Finalmente llegó, tocó su hombro y hubo un poco de luz, cada roce de piel producía luz, eran chispas volando por el aire, si tocaba esa mano perfecta, luz perfecta y sueños perfectos.
Se sentó en la cama y tocó su cabello, él, él soñaba dentro de un sueño, imaginaba dentro de una imaginación y pensaba dentro de un cerebro, dentro del cuerpo de ella, porque vivía ahí, vivía en esa casa abandonada por el tiempo.
Y su mano dibujaba historias en su espalda, cada dedo y cada movimiento generaba luz, pero una luz diferente, no era luz blanca ni era luz de ningún color, era luz pura era vida, era una vida iluminada por el sol. Historias apiladas una sobre otra, dibujos y cuentos sobre un cuerpo.
Las palabras que fueron dichas se pegaron en la pared, pero las ventanas están cerradas, y no hay más que oscuridad y la tenue luz del cuerpo de él, no se puede ver más que su cuerpo perfecto y luminoso, más que las historias de su ser y los cuentos de esa cama.
Comenzó a dejar de llover, y los pájaros empezaron a cantar, música de la tarde y música de la lluvia, aún todo estaba oscuro, las ventanas seguían cerradas. Él comenzó a despertar para seguir en un sueño, pero comenzó a despertar para ella, ella que no duerme.
Ella se levantó y abrió las ventanas, y él caminó hacia ellas también, un enorme cuarto iluminado, se mostró ante ellos, cuando la luz entró vieron que la lluvia había durado años, vieron que el tiempo se detuvo para ellos, que la eternidad sería más corta de lo que alguna vez imaginaron, sería corta si había luz en sus cuerpos.
Ella volvió a la cama chocando contra el desorden de los días, y los papeles y recuerdos, apoyando su mano con las pilas de libros, tanteando oscuridad buscando el regreso. Finalmente llegó, tocó su hombro y hubo un poco de luz, cada roce de piel producía luz, eran chispas volando por el aire, si tocaba esa mano perfecta, luz perfecta y sueños perfectos.
Se sentó en la cama y tocó su cabello, él, él soñaba dentro de un sueño, imaginaba dentro de una imaginación y pensaba dentro de un cerebro, dentro del cuerpo de ella, porque vivía ahí, vivía en esa casa abandonada por el tiempo.
Y su mano dibujaba historias en su espalda, cada dedo y cada movimiento generaba luz, pero una luz diferente, no era luz blanca ni era luz de ningún color, era luz pura era vida, era una vida iluminada por el sol. Historias apiladas una sobre otra, dibujos y cuentos sobre un cuerpo.
Las palabras que fueron dichas se pegaron en la pared, pero las ventanas están cerradas, y no hay más que oscuridad y la tenue luz del cuerpo de él, no se puede ver más que su cuerpo perfecto y luminoso, más que las historias de su ser y los cuentos de esa cama.
Comenzó a dejar de llover, y los pájaros empezaron a cantar, música de la tarde y música de la lluvia, aún todo estaba oscuro, las ventanas seguían cerradas. Él comenzó a despertar para seguir en un sueño, pero comenzó a despertar para ella, ella que no duerme.
Ella se levantó y abrió las ventanas, y él caminó hacia ellas también, un enorme cuarto iluminado, se mostró ante ellos, cuando la luz entró vieron que la lluvia había durado años, vieron que el tiempo se detuvo para ellos, que la eternidad sería más corta de lo que alguna vez imaginaron, sería corta si había luz en sus cuerpos.
Él volvió a la cama y tomó la mano de ella, con cada paso que daban por la habitación dejaban aire fresco y vida, dejaban semillas, de árboles que crecerían para la eternidad, y darle sombra a sus vidas.
La lluvia empezó de nuevo...
-Está lloviendo.
La lluvia empezó de nuevo...
-Está lloviendo.
-Lo sé, vení, cerrá la ventana para que no se meta el agua.
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