jueves, 23 de diciembre de 2010

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Perdone mi ignorancia

Discúlpeme si le ofendo

Sus manos no son capaces de escribir versos, que llenen de alegría el aire, y mi deseo de vivir en una canción, y saltar de ruido en ruido, tomando mis brazos amarrandome a la vida, no llega jamás, no se cumple y queda un vacío.

Usted, usted escritor de mi vida, no puede tomar un descanso.

¿Puedo cambiar de autor?

¿No me le pone musiquita al asunto?

Le tengo envidia a la música, le tengo envidia a las historias que pasan y rozan el aire.

Puedo al menos vivir en un sueño.

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