Eso que tienen las palabras cuando no salen, que se amontonan en en una esquina del pecho, que tantas hacen calor, porque cada palabra es una persona, cada palabra no dicha llega y me puebla.
Y son tantas que no caben más, tantas que se desbordan por los ríos, tantas que todo está muerto, tantas que se sofocan, tantas que me duele.
Y si abro las ventanas de mi cuarto, se irá el calor del pecho? si entra la brisa si y me enfría el cuerpo?
Porque ya no es la sobra que me acompaña ya no es la soledad y sus manos, sus manos frías, su soledad habitada siempre poblada, siempre llena siempre en compañía. No, no es la soledad la que me llena, no es la tristeza viva no es el tiempo ya, no son los recuerdos, no sos vos ahora, no es él, no es nadie.
Soy yo, soy yo. Somos la soledad muerta y yo, y es llorar su muerte lo que me quema el pecho.
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