Y no es porque sea un zorro mentiroso, pero aquí no hay allá, ni allá hay acá, no hay vueltas donde girar, no hay donde perderse, y hay miles acres de bosques, hay millares y centenares de hojas y ramas bailando.
No es que el tiempo no exista, es que se detiene, es que no hay nada que lo haga pasar, y si entra y se va se dará cuenta que han pasado mil años o tal vez dos mil.
Y no es que yo la quiera perder a usted señorita, no es que yo la quiera retener aquí para siempre, es que estoy segura que mil mapas no la dejarían salir.
Noventa y tres mapas no son necesarios, ni noventa y ocho, ni mil millones, porque las ganas de irse se van al entrar.
Y es que hay tantas noches donde la luna pasea, hay tantos días donde los bosques cantan y lloran, hay tantos caminos pero hay tan pocas manos por tomar.
Noventa y tres mapas no son necesarios, ni noventa y ocho, ni mil millones, porque las ganas de irse se van al entrar.
Y es que hay tantas noches donde la luna pasea, hay tantos días donde los bosques cantan y lloran, hay tantos caminos pero hay tan pocas manos por tomar.
Podría ser usted el riachuelos del bosque, podría plantarse aquí mujer, podría ser usted el árbol más azul en busca de su árbol más verde.
Perderse no es lo que importa, ni regresar, porque no hay donde regresar, después de pasear por los sueños, después de haber visto la vida, morir no es lo que importa.
Perderse no es lo que importa, ni regresar, porque no hay donde regresar, después de pasear por los sueños, después de haber visto la vida, morir no es lo que importa.
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