viernes, 16 de septiembre de 2011

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Hace diez años ya que había muerto Él, y hace diez años ya que Ella había dejado ese viejo edificio de apartamentos que tantos recuerdos le traía, pasó esos últimos diez años preparando el mejor regalo que alguna vez podría darle a alguien, a algo, o a todos. Miraba el pasar de los días atenta preparando a lo que vendría, preguntaba fechas y números, lo anotaba en la pequeña libreta azul.
Cuando el día se acercaba compró sus utensilios y los alistó en aquella maleta de cuero que había encontrado con él, hace muchísimos años ya. El día llegó y ella se alistó temprano, arregló su pelo como no lo había hecho en muchos años, colocó flores en su cabeza y se engalanó con su mejor ropa, tomó el tren a las 8:30 am, tenía el tiempo calculado y tenía la vida calculada, el tren estaba lleno de recuerdos, así como las calles y sus manos.
Caminó las calles que tanto le gustaban aunque las flores ya no estuvieran ahí, en vez de eso habían letreros insistiendo a la gente no pasar, a ella no le importó, al llegar a la puerta del edificio sonrió, la misma gran puerta que le causaba problemas al entrar por ser tan pesada, pero hoy no entraría por la puerta, entraría por la ventana izquierda, ya que el edificio se encontraba abandonado y la puerta estaba cerrada con madera y demás cerraduras, costosamente logró entrar por la ventana que le resultaba un poco pequeña, antes entraba fácilmente, antes estaba él, antes Él le ayudaba a entrar.
Tomó su maleta de cuero y subió las escaleras, ya que el ascensor estaba fuera de servicio, caminó y subió las escaleras contando una por una, cantando o bailando, siendo feliz.
Al llegar al último piso miró el pasillo, y lo miró como cuando vivía allí, una gran alfombra verde cubriendo el pasillo, luces de color amarillo, candelabros con vidrios rojos, plantas de mal gusto y de plástico, y una ventana que daba a la ciudad al fondo de pasillo, al fondo del pasillo se encontraba la habitación de ellos, 616 contenta fue brincando como una niña al cuarto, forzó la puerta un poco y entró.
Todo se veía igual, igual pero más lleno de polvo y de herrumbre, de tiempo seco. Tocó las paredes y sonrió, y miró el techo que tanto le gustaba, pese a que se veía gastado y un poco desagradable no le provocó asco, no le provocó nada más que alegría, se acercó a la ventana y la abrió, corrió por su maleta de cuero, y sonrió, sacó sus maravillosos instrumentos de arte, sacó sus óleos, sus pinceles, su tela para pintar, sacó todo y se instaló.
Primero dibujó una casa, pero la casa era tan grande que su marco ya no la podía contener, entonces salió del marco y pinto las paredes, y la casa estaba en la nada y necesitaba un bosque, necesitaba árboles que le dieran sombra, el bosque se sentía solo y necesitaba un río, el río se sentía lleno y necesitaba animales que bebieran de él, los animales se sentía tristes ya que no había nadie que jugara con ellos, y ella lo pintó a Él.
Cansada y llena de pintura se sentó y miró la casa y notó que había olvidado hacerle un tirador para entrar, así que lo hizo, se sentó y espero la hora exacta, mirando la venta vio llegar a los hombres y supo que era la hora.
Cuando las máquinas sonaron Ella se levantó, limpió su ropa y acomodó las flores de su cabeza miró el espejo sucio del baño y corrió a la casa que había pintado.
Mientras el edificio caía, ella entraba a la casa que había creado.

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