jueves, 23 de diciembre de 2010

Humo

Anoche, o ayer en la tarde o en la mañana, no sé yo nunca he comprendido eso de los árboles y quienes se sientan a sus pies a dormir o a ver pasar el día sin tiempo.

A como fuera la hora que fuera, con 6 relojes en mi bulto. Me senté a dialogar con el árbol que pone sus brazos cerca de mi cuarto, le pregunté que si él me veía dormir, al rato y si conocía mis sueños, si veía lo que yo veo en las mañanas si sabía y entendía lo que todos los días le rogaba, casi tratando de tocarle los brazos, yo estirandome en mi ventana en mi techo tratando de alcanzarlo.

Le pregunté tantas cosas, y comprendí otras tantas otras. Me respondía con una voz cansada y dormida, he de suponer yo que era la noche o algo así, porque las estrellas estaban flotando y brillando, encandilando idiotas, las conozco ellas no tratan de hacerlo, me conocen les hablo todo el tiempo hasta cuando el sol está en el cielo.

Sigue el sol en el cielo, y yo sigo soñando.

El árbol el cual nunca me ha dicho su nombre, él me respodía con una voz muda, aunque no tenga sentido, me respondía callado, si llegaran las estrellas a leer esto me reprocharían eso del sentido, porque acá nada nunca tiene sentido.

Me dijo que el viento lo manda él, me dijo que el cielo sabe a rojo por más celeste que lo pinte la gente, me dijo que no le gustaba la pornografía, le gustaba tomrse una taza de café y fumarse un cigarrilo en las noches muy noches para que a nadie le moleste el humo que sale de él, y hace formas en el cielo, casi nubes para mí.

Pase la noche viéndolo fumar, pasé la noche con el frío sobre mis hombros, sin aún respuestas para las preguntas que todavía pienso.

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