jueves, 28 de abril de 2011

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Las gotas rebotaban por la ventana salpicando su piel, y todo iba tan lento, todo iba como siempre quiso, pero no cuando quiso.
Cada vez más lento el agua la mojó por completo, no podía abrir los ojos porque la lluvia la nublaba, cuando por fin pasó el tiempo y cuando la lluvia era un poco más lejana de lo que alguna vez fue, caminó.
Por aquel lugar que veía a diario, por aquellas calles de piedra donde las historias se quedan pegadas, donde el tiempo se queda impregnado para siempre, donde una eternidad es un segundo y los pasos son un poco más pesados que ayer o tal vez que mañana.
La lluvia no es la misma de ayer, pero hoy no es igual a ayer, hoy no es igual a nada, hoy es nunca, hoy es magia, hoy es un sueño, un recuerdo.
Tomaron el bus, y la carretera hizo la música y sus voces hicieron la letra, tal vez cuentos, tal vez historias, al rato y era muerte, pasó el tiempo celoso, rápido, furioso y con envidia.
Acá, olía a tierra mojada, no era igual que siempre, no era igual a nada, la lluvia había mojado el tiempo, y el tiempo estaba molesto con ellos, el tiempo que no se dejaba atrapar, y que no dejaba de correr, que no tenía manera de parar aunque quisiera.
Los pasos eran ligeros, y acá no habían piedras, acá la tierra era suave, no había asfixia, estaban ellos tratando de huir de las horas.
Estaba el tiempo celoso, celoso de ellos, de ellos que podían detenerse para siempre y verse, de detenerse para siempre y amarse, estando en sus propios sueños manipulando la vida, y dejarse la vida solo para ellos.

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