sábado, 7 de agosto de 2010

Fumaba sentada en un silla del parque, miraba a los lados buscando una sonrisa, un suspiro.
Eterna soledad, lo único que toca sus suaves y rojos labios, es ese cigarrillo, que le jala hasta el último aliento.
Caminaba entre la gente esperando ver ojos, esperando que alguien subiera la mirada y dejara de lado el tiempo.
Se fue de ahí, se fue caminando o volando, o tal vez, se hizo transparente, tal vez se hizo escalofrío, y va bailando de espalda en espalda, tratando de sentir calor, se hizo aire, se hizo humo.
La esperé, tratando de que me dijera como volar entre los vivos.

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