Y movimientos violentos, vocecitas que rebotan entre las cabezas, y entre los labios.
Raspando con las uñas las paredes, como tratando de no zafarse del sonido, como tratando de no soltarse de la vida.
Entre la noche y el día no hay nada. Entre la noche y el día hay lunes.
Espacio perdido, espacio sin sonido.
Como narrando una historia de hadas o un cuento de leones y perritos, se pasa el lunes sin sentir, la música, sin sentir la vida.
Ahora que llegó el martes, ya se siente la semana.
Ya empieza la vida, de su corto descanso, 24 respiros, para poder seguir.
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