si se termina molesto y asqueroso ritual en algún momento, después de tanto escarmiento y desesperación nula, se le dan unos leves golpecitos al estómago, se revisa otra vez si los dedos olvidaron algún misero trozo de comida.
al no encontrar nada, llega el remordimiento y la desesperación el dolor de panza tal vez y se llega a culpar los golpecitos o la velocidad de los movimientos y del hambre.
sentado esperando que nada le quite el placentero sabor de comida de la boca, no toma agua, no toma fresco, no toma nada.
el sabor nadie se lo puede arrebatar.
un fulminante infarto, tal vez, luego que se lo pelee con san pedro. amén.
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